Prismas basálticos de Santa María Regla. Grabado de Wilhelm Friedrich Gmelin para el libro Vue des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l’Amérique, de Alexander von Humboldt, París, 1813
Desde que Alexander von Humboldt llegó a tierras americanas hasta el día de hoy, por razones que sería difícil explicar, y menos aquí, nos agrada en general que intelectuales extranjeros recorran nuestra casa y la describan con amabilidad y agrado, pero también con profundidad y pasión, para los lectores de otras lenguas y otras culturas. Este es el caso del poeta alemán Michael Speier, quien con esta reciente traducción de poesía suya se lanza Más allá de la piel para llegar hasta México —gracias al grupo de traductores literarios coordinado por Emma Julieta Barreiro—, y compartirnos en estampas poéticas su visión de nuestro país, del mundo y de la vida en general.
Las cosas han cambiado, ciertamente, en los doscientos y más años desde que el científico-viajero alemán llegara a México en su recorrido por la América española. Y si Humboldt asimiló entonces su experiencia mexicana para revelar el Nuevo Mundo a sus contemporáneos europeos, aquí, en los poemas que Michael Speier dedica a sus vivencias en y con México, se diría que, a la inversa, el poeta fue asimilado por su propia experiencia mexicana, y la devuelve no con duros datos científicos, como lo hiciera Humboldt, sino con una delicada sensibilidad y un manejo extremo de la lengua alemana. Pero mejor no me adelanto, para que no se crea que los poemas sobre nuestra cultura es lo único que abarca este libro.
Michael Speier es un poeta viajero, y es un poeta vivencial: le ha gustado desplazarse a través de distintos mundos, según revela su trayectoria tanto personal como bibliográfica, visitando, pero sobre todo conociendo diferentes culturas y países, aunque sus viajes no son nada más geográficos, sino que se adentra también en recorridos pictóricos dentro de cuadros célebres, como en los poemas “Dama en amarillo escribiendo”, a partir de un cuadro del pintor flamenco Jan Vermeer, y “El hormigueo en el ombligo de Venus”, en torno del célebre Nacimiento de Venus, de Botticelli, y acaso también en viajes de otra naturaleza, según lo sugiere el poema ubicado en la “Van Baerlestraat”, calle de Ámsterdam.
En cuanto a lo vivencial, es la actitud poética que predomina no sé si en toda la poesía de Speier pero al menos en los poemas recopilados en este poemario, y se refleja tanto en el título del mismo, como en el formato de la mayoría de los poemas, que son como estampas, cada uno como una fotografía tomada con palabras a la que el poeta le metió “efectos especiales”, y que le remite, nos remite, a una experiencia concreta en un lugar específico: acaso una tarde en Belgrado en la que compartió un café y una buena charla con un amigo que tiempo después falleció (“Conversación bajo parasoles”), o bien un paseo por la zona roja de su ciudad natal, donde también reside actualmente (“Minusberlin”), o incluso en una elegía por el atentado a las Torres Gemelas en 2001 (“Paysan de New York (11/09)”).
Aparte de otros lugares y momentos que descubrirá quien se adentre en estos poemas de Michael Speier, lo más atractivo, para nosotros, de esta edición, son, naturalmente, todos los que el poeta dedica a sus experiencias mexicanas, y que representan una parte considerable de esta recopilación. Como se verá, los aspectos de nuestra cultura que eligió retratar, o más bien, que lo impactaron a través de una vivencia extraordinaria, nos muestran no a un simple viajero, sino a un buscador de “verdades poéticas”, en el sentido heideggeriano, que contempla cómo el mundo “mundea” a un poeta que ha profundizado en la historia de México, tal vez buscando en nuestro pasado entender nuestro ser barroco (muchas veces incomprensible hasta para nosotros mismos), y que fue “abducido” por la intensidad de la vida cotidiana en el interior de nuestra cultura.
En el poema “Cuernavaca”, por ejemplo, donde “los perros desnudos de los aztecas/ acechan a la remington de Lowry”, realiza un homenaje al autor de Bajo el volcán, esa imprescindible novela del siglo veinte en opinión no nada más de su excelente traductor al español, Raúl Ortiz y Ortiz (q.e.p.d.). O bien, “Av. Río Churubusco” refiere una reflexión histórica en el Museo Casa de León Trotsky, sito al norte de Coyoacán, en la que el poeta pide una hoz antes de que su cerebro se vea apagado por el martillo de la realidad-tal-cual-es.
Quizás el poema que refleja de una manera más amplia el impacto en el espíritu poético de Speier de nuestra multidiversa realidad-tal-cual-es mexicana es el titulado “Banco Azteca” (en español en el original), donde se plantea la confluencia de tiempos históricos y de culturas en colisión en un momento presente en el que “los conquistadores bailan con los conquistados” y “montezuma es una ópera” —se refiere probablemente a la puesta en escena monumental de la ópera Montezuma, de Antonio Vivaldi, que se escenificó en el Zócalo poco antes de la pandemia— y donde Cortés digita su pin para sacar dinero de un cajero automático; pasa luego un Fridabús, como el del accidente de Frida Kahlo, y luego de soñar “que el siglo 16 yacía conmigo en la cama:/ la helada margarita, la michelada salada, pero nada de/ juego previo…”, llega a la Villa de Guadalupe, “frente a la catedral que se hunde, titanic de la fe”, y observa la convivencia de bendecidos, “incrédulos creyentes” y algún turista que exclama en japonés “algo así como cute”, ante el peregrinado cuadro de la Guadalupana.
Por último, en “Humboldt abarca el todo”, que podría traducirse también como “Humboldt va por todo”, Michael Speier se lanza tras las huellas de Alexander von Humboldt en un recorrido por el legado espiritual del viajero decimonónico; se pregunta ahí sobre el sentido de viajar, para Humboldt, pero por inferencia también para el poeta-viajero que ha escrito este poemario, y, por extensión, para nosotros, lectores, en cuanto al viaje que es vivir nuestras propias vidas. Este retrato humboldtiano es un poema de impresiones sensoriales en el que el “azul” de los cielos subtropicales ocupa en mayúsculas cuatro renglones, y en donde las líneas isotermas e isobaras (o sea, en un mapa las líneas que unen puntos de igual temperatura y presión atmosférica, respectivamente: un procedimiento elaborado por Humboldt que se sigue empleando hoy) realizan sus deberes “entre el magma y la estratósfera”. El poema, el de más largo aliento de todo el poemario, alude igualmente al choque cultural-civilizatorio atestiguado por Humboldt pero que pervive aún, donde los minerales, por ejemplo, tema al que era afecto, reciben sus respectivos nombres científicos, mas no por eso deja de ser “el oro excremento de los dioses, decían los aztecas”.
La publicación, en fin, de Más allá de la piel, es un motivo de celebración, en especial porque se trata de una edición bilingüe, como deberían publicarse, en mi opinión, todas las traducciones de poesía, y es que esto permite, entre otras cosas positivas, el que estudiantes de alemán o personas conocedoras de esa lengua puedan penetrar de manera directa en la poesía de Michael Speier y completar de esa manera el círculo de la comunicación bicultural a través de la literatura.
Más allá de la piel
Michael Spier
México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2022, 134 pp.