Artículo sobre OTRAS COSAS: la no agrupación Los Furbys en el Teatro Casa de la Paz

Miguel G. Aréchiga
junio-julio de 2023

 

 

Conferencia sobre (de hecho no tiene título) mancha, cha, cha y OTRAS COSAS en el Teatro Casa de la Paz por la no agrupación musical Los Furbys. Fotografías: Mauricio Tapia


En 2012, Micaela Gramajo y Bernardo Gamboa fundaron Teatro Bola de Carne. Autodescrito como un laboratorio permanente de investigación teatral y, según el propio Gamboa,[1] como un espacio con vocación heterotópica, Teatro Bola de carne presenta artefactos técnicos que buscan tensar el sistema de dicotomías a partir del cual el propio teatro ha sido leído desde la crítica y la teoría. Contraposiciones como “presentación/representación”, “simulación/realidad” o “sentido/sinsentido” son puestas a prueba en los montajes de Bola de carne que son, también, una forma de continuar la investigación en torno al teatro y a lo que ha sido definido como sus elementos. Para la manufactura de este texto, acudo a la Conferencia sobre (de hecho no tiene título) mancha, cha, cha y OTRAS COSAS ofrecida el pasado 14 de marzo en la Casa Cultural y Académica Casa Teatro de la Paz[2] por la no agrupación musical Los Furbys.

La no agrupación musical Los Furbys tiene por integrantes a Erik Gutiérrez Otto: contralto, ponente de contrarreligiones y Furby; Meraqui Padris: cantante principal, baterista, especialista en manchas y Furby; y el propio Bernardo Gamboa: contradirector general y Furby. A modo de recordatorio, los Furbys son esos juguetes-mascota virtual capacitados para aprender, y repetir, algunas palabras y que, a diferencia de los Tamagochis —con toda seguridad, su principal competidor—, ofrecen al usuario una interfaz de estética furry. A principios de siglo, los Furbys, figuras omnipresentes en la televisión y las jugueterías, no sólo provocaron los ánimos de quienes querían acariciarlos, sino las sospechas de quienes los compraban a sus hijos, pues, como ya adelanté en el incipit —¿como ya hice adelantar al propio grupo Teatro Bola de Carne con la elección del incipit?—, los Furbys tienen pupilas.

 

 

 

Las pupilas de los Furbys no sólo presentan buena parte del Pantone, sino que, a partir del juego entre el tono del párpado y el de la propia pupila —en donde podría hablarse más de patrón que de color para algunos casos— subrayan una cualidad que los Furbys comparten con algunas pinturas renacentistas, devuelven la mirada. Sin embargo, no son las pupilas de los Furbys el tema que ocupa el texto que presento, al menos, no el tema principal, aunque admito que es uno de los temas secundarios. Si tuviese que esbozar, por la razón que fuese, un esquema jerarquizado de temáticas contenidas en este texto, las pupilas de los Furbys ocuparían un tercer o cuarto nivel de anidación dentro del modelo Título, subtítulo… No formulo aquí el esquema porque el espacio que ocuparía en la página, debido a su naturaleza vertical —como opuesta a la naturaleza horizontal de la lógica-párrafo—, minimizaría mis posibilidades de abordar la cuestión  que, con toda seguridad, tiene el lugar de principal dentro del texto que ahora ocupa sus pupilas: la Conferencia sobre (de hecho no tiene título) mancha, cha, cha y OTRAS COSAS. Una segunda razón que me inclina a evitar la presentación del esquema —hasta ahora, siempre hipotético— es el temor a que, de verme ante esa tesitura, mis nervios prometan más de lo contenido en el texto, publicidad engañosa stricto sensu. De modo que, una vez expuestos los dos motivos que me llevan a considerar contraproducente la presentación de un esquema jerarquizado de las temáticas contenidas en este texto con el fin de ilustrar la pequeñez de la irrupción las pupilas de los Furbys en la totalidad del propio texto, y sin mucha más dilación, me permito, como se dice en ocasiones y disculpándome de antemano por la utilización de eso que los correctores de estilo llaman lugar común, pero que, precisamente por común, por estar a la mano, por no requerir de mi escritura una cosa distinta a un calco, a un mero copy/paste, me sirve ahora; entrar en materia.

La conferencia, a cargo del grupo actoral presentado, con nombre y apellido strictu sensu,[3] propone la acuñación del contralenguaje, un modelo de comunicación cimentado, por un lado, en la irracionalidad explícita y, por tanto, en la dinamitación de los mecanismos asociados a una conferencia —o a una obra de teatro—, es decir, a la propia idea de que quien enuncia pretende comunicar algo y a la idea de que las personas que ocupan los asientos de la sala lo reciben, y, por otro, a la imposibilidad de la asignificación, al hecho de que todo significa todo el tiempo. Al igual que las pupilas de los Furbys, que significan a pesar, la mera concatenación y yuxtaposición de actos significa porque no tiene otra alternativa. Y me permito volver a las pupilas de los Furbys porque quizá es momento ya de abordar el elefante en la habitación. Soy consciente de haber formulado una suerte de promesa cuando escribí que las pupilas de los Furbys ocupaban un lugar apenas accesorio en este texto —tercera o cuarta jerarquía, según el mismo—, pero, y de nuevo apelando a la cortesía que todo escrito debe a quien lee, no me parece de recibo haber pasado por ahí sin hacer una referencia, siquiera tangencial, al final del pasillo que se iluminó apenas quedó por escrito la palabra Furby. Había algo en la pupila de los Furbys, en su forma de estar vivo y de no estarlo que abría la posibilidad de un espacio poroso que se constituye como un lugar entre lo vivo y lo muerto, en otras palabras, los Furbys estaban poseídos.

 

 

 

Son numerosos los testimonios y los documentos videográficos[4] que muestran a distintos Furbys en estado de posesión. Una primera consulta es suficiente para descartar la hipótesis de que el color de los ojos, o de las pestañas, esté relacionado con la posesión en sí, pues los reportes son variados en cuanto a las características oculares —y, dicho sea de paso, a cualquier otra característica física— de los Furbys. Sin embargo, la irregularidad de los casos registrados permite plantear una pregunta previa y, quizá, de carácter más nuclear. ¿Están los Furbys poseídos ya al salir de la fábrica?, o, por el contrario, ¿la posesión es producto de un agente externo al propio Furby. En favor de esta última hipótesis, cabe decir que la larga tradición de posesiones registradas, ya no en Furbys, sino en elfos, marionetas o muñecas de todo tipo, reporta la existencia de un elemento externo que, de alguna manera, modifica el actuar que, hasta el momento de la posesión, había sido considerado normal en el objeto poseído. Sin embargo, es cierto también que la carga semántica del término posesión —que implica ya una construcción gramaticalmente dual, algo posee a otro algo— y términos como geist, cuya etimología indoeuropea comparte con el término latino hostis —y que llegó al castellano como hostil, hostal u hotel—, implican el arribo de un extranjero, de modo que plantear la pregunta desde el término posesión es ya adelantar la respuesta. Sin embargo, y como ya apunté, no es éste el lugar para tratar sobre las numerosas preguntas que se han planteado, desde distintos lugares, sobre los Furbys y lo que algunos han llamado etapa B de los Furbys, en un intento de evitar el concepto de posesión y sus limitaciones conceptuales, pues éste es un texto sobre la no agrupación musical Los Furbys y no sobre los Furbys como heterotopía. Me conformo de momento con bosquejar la problemática y aplazar los resultados de mis investigaciones a ese respecto para un trabajo futuro que tenga por objeto a los Furbys en tanto juguetes-mascota virtual. Vuelvo entonces a la no agrupación musical los Furbys y al modelo de contracomunicación presentado durante la conferencia.  

La no agrupación musical Los Furbys no tiene instrumento, más aun, ni siquiera sabe cantar, pero la conferencia incluye, además de la conferencia en sí, algunos segmentos sonoros en donde la no agrupación musical Los Furbys propone una contramúsica cimentada en la misma lógica —ilógica, quizá— que la propia conferencia, en la posibilidad misma de ejercer la palabra, en este caso como canto, y en su capacidad de significar pese a. Finalmente, el público va abandonando las butacas y termina de hacerlo siempre antes de que la no agrupación musical Los Furbys deje el escenario, pues las pupilas de los Furbys tienen la capacidad de devolver la mirada.


[1] Bernardo Gamboa (2012), Recetario para nuevas armas explosivas, recuperado de https://bit.ly/3ocsqvP

[2] La ponencia también ocurrió el 21 de febrero, en el mismo recinto, y el 28 del mismo mes, en la Casa de la Primera Imprenta de América, pero me limito a escribir sobre la conferencia a la que asistí.

[3] Superposición de errores gravísimos a nivel de eso que los correctores de estilo llaman estilo; reciclaje de la locución latina [que tan bien había quedado como punto final de la oración referida al segundo motivo por el cual no me parecía adecuada la presentación de un esquema] [La locuciones latinas son todas reciclaje] y el retorno, esta vez, sin previo aviso, de un lugar común en flagrancia, con nombre y apellido. Tercer error, ocurrido por la concatenación de los anteriores, el uso continuado de la cursiva tipográfica para señalar dos elementos que son marcados por motivos distintos: el primero, en tanto lugar común, el segundo, en tanto locución. Es de sentido común observar una cortesía mínima para quien lee. Sin embargo, el fragmento es estrictamente [volver a usar stricto sensu] verdadero, el grupo actoral fue presentado con nombre y apellido en el más estricto de los sentidos posibles: la propia literalidad; el hecho mismo de que los nombres [y los apellidos], Bernardo Gamboa, Meraqui Pradis y Erik Gutierrez Otto [ahora de derecha a izquierda] aparecieron asociados no sólo al grupo a cargo de la ponencia, sino a algunos roles específicos asociados a su ejecución. Con todo, me reservo una última garantía, no estoy en posición de asegurar que los nombres que escribí, los nombres con los que presenté al grupo, sean eso que podría llamarse nombre legal, pero puedo afirmar con toda rotundidad que son los nombres que aparecen en la publicidad que anuncia el evento. [sin previo aviso, otro lugar común que ocurre sin previo aviso, precisamente en la frase que pretende corregir el error que comete].

[4] Aquí me permito adjuntar sólo uno https://bit.ly/3IhkaRV

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Miguel G. Aréchiga

(Guadalajara, México, 1989). Es licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara y estudiante de la Maestría en Comunicación y Política en la Universidad Autónoma Metropolitana.