Fotografía obtenida de Zona Paz y realizada en 1984 por Rafael Doniz. Wikimedia Commons
En un artículo publicado en la Nouvelle Revue Française (julio, 1962), Philippe Jaccottet saludó la aparición de Piedra de Sol en francés. En su texto, Jacottet dice: “Peu de poèmes paraissent portés comme celui-là par un souffle naturel […] il suffit de se laisser porter par le chant, d’image en image”.[1] En seguida, el poeta resalta el tono “heureux et grave, pressant et serein”[2] del poema. La publicación de Piedra de sol, cuyo título provisional era Soleil sans âge, se retrasó varios meses porque André Breton nunca escribió el prólogo que debía acompañar la edición francesa. Finalmente, Pierre de Soleil apareció en 1962 en la colección “Du monde entier” de la editorial Gallimard. La traducción de Benjamin Péret es la “oficial” en lengua francesa, al menos lo fue para Octavio Paz, que siempre se opuso a que alguien más tradujera ese poema, que André Pieyre de Mandiargues calificó como “son plus grand et plus éclatant ouvrage”.[3]
Antes de continuar quisiera hacer un comentario al paso. Tras la ocupación de París por los nazis, Péret se exilió en México en 1941. A su regreso escribió un extenso poema vesicular, Air mexicain, fechado en la capital francesa en septiembre de 1949. Fabienne Bradu es la autora de Benjamin Péret y México, un estudio biográfico sobre los años de Péret en nuestro país. La investigadora franco-mexicana también escribió dos libros documentales sobre Breton y Artaud en México. Hay una línea en Air mexicain: “Il chante come une forêt pétrifiée avec ses oiseaux…”, que recuerda a un endecasílabo de Piedra de sol: “como un ave/petrificando el bosque con su canto…”.
Al leer Pierre de soleil sentimos que el traductor no intentó superar ni mucho menos mejorar el original, que en este caso es inmejorable. Péret no se ocupa de la métrica (no podía reproducirla) sino que aprehende el ritmo del poema y prioriza el sentido de las imágenes y las metáforas. El traductor se ve arrastrado por el aliento que anima de principio a fin Piedra de sol, cuyo horizonte es el surrealismo, como confiesa el propio Octavio Paz en una carta a Tomás Segovia. El poema de Paz sólo podía ser traducido en francés por un poeta afín. Esto prueba una vez más que para traducir poemas se necesita, además de muchas lecturas, experiencia y práctica de la poesía, una afinidad profunda con el texto que se quiere traducir. Entre Piedra de sol y la versión francesa hay un flujo espiritual incesante. La versión de Péret está apegada al original. Esto, que podría parecer un error o un límite, no lo es. La claridad del pensamiento, la limpidez de los versos, la transparente arquitectura del poema, la plasticidad de las imágenes y metáforas “facilitan” de algún modo la traducción, que siempre es una tarea ardua: “Science avec patience/le supplice est sûr”,[4] nos advirtió Rimbaud.
En muchos pasajes, el traductor no tiene mayores problemas al traducir literalmente. Por ejemplo, uno de los momentos más bellos del poema:
voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno
Benjamin Péret lo traduce palabra por palabra:
Je vais par ton corps comme par le monde,
ton ventre est une place ensoleillée,
tes seins deux églises ou la sang
célèbre ses mystères parallèles,
mes regards te couvrent comme de lierre,
tu es une ville que la mer assiège,
une muraille que la lumière divise
en deux moitiés couleur de pêche
Esto nos lleva a plantearnos una pregunta cuya respuesta acaso está en la práctica: ¿la traducción literal es válida? Pareciera que a veces es posible. Todo dependerá del texto que se traduzca, sobre todo si se trata de poesía. Una traducción demasiado fiel al original podría ser plana; una versión alejada podría tergiversar el texto de partida. En ambos casos, el traductor toma decisiones y corre riesgos.
No obstante, la versión de Péret presenta algunas inconsistencias. Cuando Paz dice: “invisible camino sobre espejos/ que repiten mi imagen destrozada”, el poeta francés traduce: “invisible chemin sur des miroirs/ qui répètent mon image brisée”. En los versos de Paz, “camino” está usado como verbo conjugado en modo indicativo (yo camino), no como sustantivo (chemin), uso que le da Péret. Además, ese “camino” de Paz está precedido por otros verbos: “busco”, “escribo”, “caigo”. Péret no escuchó esto. Se trata de una sutileza, pero una sutileza que cambia el sentido y arruina la estrofa. La explicación podría ser que el español se permite la omisión del pronombre, mientras que el francés siempre lo marca. Nuestra lengua se permite ciertos usos gramaticales; la lengua francesa los afirma y los reitera. La frase francesa es clara, corta y ceñida; la española es larga, enfática, difusa.
Es más poético traducir “les chiens rhétoriques” (“los perros retóricos”, como se indica sencillamente en el original) que “les chiens de rhétorique”; Péret yerra cuando traduce hacia el final del poema el apóstrofe “despiértame, ya nazco”, por “éveille-toi, voici que je nais”; Péret interrumpe a veces el ritmo original del poema. Al referirse a la Guerra Civil Española, Paz escribe:
Después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes escupidas,
y el huracán de los motores, fijo
El efecto deliberado de Paz al colocar una coma para separar el sustantivo del adjetivo y hacer que el ruido de los motores sea efectivamente fijo, Péret lo pierde al ajustarlo a su versión: “et l’ouragan permanent des moteurs”. Pero los aciertos del traductor son más que los defectos: hace gala de su estatura de poeta, despliega sus propios recursos técnicos, hay estrofas que no necesitan enmienda, su versión mantiene el aliento ininterrumpido del original. En un idioma de lógicos y gramáticos, Pierre de Soleil representa un momento de alto lirismo en la poesía francesa, más enamorada de la escritura que del canto, más cerca del texto que de la oralidad.
Octavio Paz escribió Piedra de sol en el mediodía de su existencia. Es una síntesis de vida vivida y padecida, una visión personal del tiempo, del mundo y del trasmundo, representa un final y marca un nuevo comienzo: el libro posterior se llama Salamandra (1958-1961). En la alquimia, la salamandra simboliza regeneración por el fuego, es un anfibio que pertenece a este elemento y gracias a él se transforma. Quevedo la cantó: “Ya, fénix cultivada, te renuevas/ en nuevos incendios repetidos”.
Además de la perfección formal, el poema de Paz está profundamente arraigado en la tradición poética hispanoamericana. Sin Garcilaso, sin Quevedo, sin el Primero Sueño ni “La suave Patria”, sin Muerte sin fin (¿se ha reparado en la influencia del poema de Gorostiza en el de Paz?), Piedra de sol no hubiera existido. Nadie debería desconocer la felicidad que supone leer este poema. Estoy plenamente convencido de que las generaciones futuras no dejarán caer la memoria de Piedra de sol, porque durará lo que dure la vasta lengua castellana.
[1] Pocos poemas parecen llevados así por un soplo natural (...) sólo hay que dejarse llevar por el canto, de imagen en imagen.
[2] Feliz y serio, urgente y sereno.
[3] Su obra más grande y brillante.
[4] Ciencia y paciencia,/ el suplicio es seguro.
(Villahermosa, Tabasco, 1983). Poeta, ensayista y traductor mexicano. Estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, Argentina. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Obtuvo el Premio Tabasco de Poesía José Carlos Becerra 2013 y el Premio Nacional de Poesía Juana de Asbaje 2010.