Sería ocioso reafirmar que el tema de la muerte se encuentra en gran parte de la literatura, a veces como una presencia, a veces como una ausencia sugerida, pero las historias, marcos para la ficción, siguen realizando acercamientos novedosos al tema, sobre todo a la luz de los cambios globalizadores de la actualidad. De alguna forma, los personajes mueren cada que cerramos la última página, cada que abandonamos su historia; no implica su desaparición del mundo, sino la posibilidad de una continuación en los límites del lenguaje, una disposición a renacer cada vez que sean leídos. Bajo esta mirada, un relato puede convertirse entonces en el ensayo de la muerte. Así, si hablar al respecto no es novedoso, tratar el tema a la luz de los cambios culturales sí lo es. Ya en La parte del fuego: la literatura y el derecho a la muerte (1995) Maurice Blanchot advierte sobre este asunto y Luis Zapata, en su novela póstuma, Con R de Reality (2023), lo pone en práctica cuando aúna a la muerte el tema de la exposición de la vida privada en los medios de comunicación.
El caso de la llamada telerrealidad es un fenómeno que se inició en la última década del siglo xx, y que, como lo demuestra la reciente popularidad de Wendy Guevara y La casa de los famosos, no ha perdido la capacidad para atraer al público y entretenerlo con un grupo de desconocidos (que a veces no lo son tanto). Abordar el tema de la muerte y el sufrimiento en relación con este tipo de programas resulta en un recordatorio de la manera en que las personas suelen convertir el dolor ajeno en un espectáculo; de la fascinación que la alteridad despierta cuando la vemos mediante una pantalla, en el marco que dibuja el límite de cuatro líneas. Dicho fenómeno lo entendió en un primer momento la escritora belga Amélie Nothomb en su novela Ácido Sulfúrico (2005), donde inventa un reality show llamado “Concentración” en el que secuestran a un grupo de personas para ser vigiladas y torturadas por otras personas. Pannonique, la protagonista, se vuelve el interés de los espectadores por la manera estoica con la que enfrenta el encierro.
Menciono Ácido sulfúrico porque, además de la coincidencia con el programa de televisión y el tema de la muerte, la orientación sexual de algunos de los personajes es relevante, al igual que en la novela del escritor mexicano. En “Concentración” una de las guardias termina enamorada de Pannonique, así que decide cortejarla, dándole comida en secreto y ayudándola frente a los demás. En la novela de Zapata el deseo homosexual también aparece cuando aborda algunas perspectivas que dan cuenta de la experiencia gay. Desconozco si Luis Zapata supo de la existencia de la novela de Nothomb, pero la mención de esta última me sirve para mostrar que la idea de la sociedad como deshumanizadora de quienes participan en los programas de telerrealidad y la relación de estos con la diversidad sexual se encuentra presente en el imaginario de la cultura posmoderna. A esta noción habría que agregar la manera en que el tema se inserta en la obra de Luis Zapata. Su interés por las manifestaciones y las formas populares aparece en novelas suyas como Melodrama (1983) o La hermana secreta de Angélica María (1989). No es extraño entonces que se haya fijado en un fenómeno como los programas televisivos, a cuya presentación Zapata aúna el problema de la muerte que, como sugiero al principio, puede ser tratada desde el silencio o desde la presencia. Si en Nothomb la cuestión es una pausa que se debe leer en los intersticios de la historia, en la novela de Zapata la muerte se convierte en presencia, se regodea y se burla de sí misma; surge como una risa irónica, como un “humor ácido e incisivo” (13), dice Sergio Téllez-Pon en el prólogo a la novela, y permea el texto con la visión transgresora de quien siente interés por el tema.
Imagen: Trabajo de intervención en televisión abierta 1971, David Hall / Wikimedia Commons
La historia de Con R de Reality gira en torno al programa “Muérete y gana”, en donde un grupo de enfermos terminales se recluyen con la intención de exponer su proceso de deterioro; como lo indica el nombre, el primero de ellos en morir será el ganador (en realidad, sus familiares) de dos millones de pesos. Después de una selección cuidadosa, los participantes que ingresan son: “Alma Ramírez, con metástasis de cáncer; Juan Zárate, con VIH; Margarita Rivera, con EPOC; Salvador Álvarez, con diabetes; Elvira Reséndiz, con leucemia; Isaac Hurtado, con angina; Eva Preciado, con cáncer cervicouterino; Eleazar Santamaría, con tumor cerebral” (Zapata, 83). Como marco a las interacciones y las historias individuales, el narrador en tercera persona toma la perspectiva de Ramón Villafuerte, quien, debido al espacio que ocupa en la novela, se convierte en un elemento central de la historia. Presentador del programa y adicto a las cirugías, Ramón, al permanecer fuera del ámbito funesto de la muerte que atenaza a los otros personajes, elabora un diálogo que satiriza cualquier atisbo de seriedad en la trama. Este juego no es fortuito. Zapata crea un tono que trastoca el mundo narrado y abre la puerta a lo contrastante: búsqueda de la plenitud en la venganza, alegría en la esperanzadora posibilidad de obtener beneficios por la muerte de una persona.
Ramón Villafuerte, en este sentido, es un personaje que desde su frivolidad pone sobre la mesa cuestiones como la usura de los medios de comunicación con el dolor ajeno; el sincretismo de las prácticas culturales que conjuntan brujería, autoayuda y religión; o la idea de que la salud es una experiencia de estatus más que una necesidad humana. Todo ello redunda en la creación de un personaje que potencia la forma en que la narración aborda el asunto, reafirmando desde el extremo opuesto la serie de rasgos semánticos asociados a la muerte. Hay otro aspecto que me interesa resaltar sobre este personaje y que retomo a partir de lo que mencionaba sobre la novela de Nothomb: su orientación sexual. Las relaciones que mantiene con otros hombres por momentos incluso resultan de mayor interés que los eventos ocurridos durante el reality. Si bien no es el único personaje gay de la novela, su desarrollo implica una exploración en tono humorístico de una identidad histriónica que ha diluido los límites entre la verdad y la ficción televisiva, lo cual resulta interesante como una ficción que exagera los rasgos ya de por sí presentes entre quienes trabajan frente a la cámara de los medios de comunicación masivos.
Luis Zapata murió en 2020 y dejó tras de sí un legado de novelas y cuentos que se han convertido en obras de gran importancia para reconocer la identidad gay. Con R de reality es, en última instancia, una novela póstuma cuya lectura puede convertirse en una invitación a visitar y reeditar la obra de su autor más allá de El vampiro de la colonia Roma (1989). Espero de verdad que la aparición de este libro acerque a nuevos lectores al trabajo de quien se ha constituido en un referente de la cultura LGBT+ en México. Si un personaje no desaparece cuando cerramos la última página de su libro, como sugiere Blanchot, que Luis Zapata tampoco desaparezca y, ante las nuevas generaciones de lectores más receptivos a otras miradas sobre la experiencia gay, continúe dialogando con la muerte, el deseo y el humor.
Con R de Reality
Luis Zapata
México, Penguin Random House, 2023, 174 pp.
Ha publicado Dimorfismo (Pasto Verde, 2019), La isla que nos llama (IVEC, 2021) y La máscara de Miguel (Editora de Gobierno, 2021). Fue acreedor de la beca del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico, en 2022-2023. Actualmente estudia la maestría en Literatura mexicana en la Universidad Veracruzana y dirige el proyecto Tintero blanco.