Rosario Castellanos, su teatro y un diálogo a través del tiempo

Silvia A. Peláez
tiempo en la casa
diciembre 2025 - enero 2026

 

 

Fotografía: Pixabay

 

Sorprende que, en 2024, la Cámara de Diputados hubiera rechazado declararlo año dedicado a Rosario Castellanos, autora relevante en la literatura mexicana, a cincuenta años de su fallecimiento, y haya preferido dedicarlo a Felipe Carrillo Puerto. Si bien no se consagró un año con su nombre, infinidad de instituciones, bibliotecas, escuelas, universidades y museos lo llevan, se escriben artículos, ensayos y tesis sobre su obra, que sigue vigente entre las generaciones jóvenes, además de que durante 2025 hubo foros, encuentros, coloquios, obras de teatro, seminarios y publicaciones para hablar de su obra y su legado. *

Rosario Castellanos, como autora, padeció las injusticias sociales en su natal Chiapas, tanto en el seno familiar, del cual, en cierta forma fue exiliada, al ser desatendida por la madre a raíz de la muerte de su hermano, exiliada del amor materno, testigo de los maltratos y abusos a los indígenas. Es una autora que busca la libertad, rompe estructuras de opresión a través de la escritura, y abre camino para las siguientes generaciones de escritoras.

La primera parte de este texto versa sobre la relación de Rosario Castellanos y el teatro, si bien su dramaturgia es una especie de apéndice dentro del cuerpo de su obra, ha sido poco promovida y, por tanto, poco leída y menos conocida. Me refiero a los dos poemas dramáticos Salomé y Judith (1959), y las obras Tablero de damas (1959) y El eterno femenino (1976). En la segunda parte, establezco un diálogo con Castellanos, a partir de la reverberación de su poesía en mi escritura, en especial el poema sobre el 68, que se vincula con la situación y premisa de mi libreto para ópera titulado Luciérnaga. Doce días de encierro no apagaron su luz, en el que planteo que la poesía, el arte, es lo que puede salvarnos de la violencia y el horror.

 

I

Estamos frente a una autora reconocida en diversos campos, lo que afirma su inteligencia, formación, y posición en un México convulso en el que se desarrolla. Rosario Castellanos Figueroa es escritora, periodista, diplomática, promotora cultural, poeta, profesora, lo cual le permite tejer sus textos desde una visión profunda, compleja y personal, pues estos campos de conocimiento se intersectan entre sí, junto con las experiencias de vida de la autora siempre presentes, desde la infancia en Chiapas hasta su desarrollo profesional en la adultez.

Rosario Castellanos se interesó en el teatro de su tiempo. Con el seudónimo de Antígona escribió crítica teatral sobre noventa y ocho puestas en escena, de 1953 a 1955, cada semana en La Nación. Esta faceta la reveló Emilio Carballido en 1995 durante el homenaje nacional a la escritora, y dice que quien firma como Antígona es “la niña Chayo”. La crítica suma ochenta y seis columnas, con extensión irregular, de las noventa y ocho puestas en escena.

Poco se ha estudiado su faceta como dramaturga, quizá porque sólo escribió dos obras y dos poemas dramáticos, en contraste con la infinidad de poemas, ensayos, novelas y cuentos. Sin embargo, en el conjunto de su obra destaca el acercamiento al teatro, pues en el ejercicio de este género se distancia del rigor y deja fluir a sus personajes, que muestran en sus decisiones y acciones las preocupaciones sociales, culturales y políticas que atraviesan su obra.

Resulta un desafío transitar por distintos géneros de escritura a partir de una elección primordial. En el caso de Castellanos, su elección es la poesía. Al teatro se acercó con fascinación e interés cuando coincidió con dramaturgos como Sergio Magaña y Emilio Carballido, que la incitaron a escribir teatro, con la idea de que hablara de su infancia en Comitán. Así, lo hizo, aunque enmarcó la historia en los márgenes de historias bíblicas, en el tema de la opresión de la mujer y en situaciones de su tiempo y la escritura de mujeres. En sus textos se encuentran vasos comunicantes entre la infancia vivida y las temáticas elegidas, donde refleja el mundo antagónico de terratenientes e indígenas del que fue testigo. Mundo en el que había participado en el proyecto de Títeres del Petul, para las comunidades indígenas en los Altos de Chiapas.

Durante décadas, se ha debatido acerca de si el texto dramático es o no es un género literario o si se trata de una práctica escénica. Recordemos a Jano con sus dos frentes. El texto dramático deviene representación, actualiza la acción implicada en los diálogos y suma elementos performáticos para tener vida sobre un escenario. De ahí que un texto dramático sea, al mismo tiempo, literatura y escena: literatura en tanto se construye con palabras y a partir de técnicas y estrategias discursivas y literarias que ponderan el conflicto, la acción y el subtexto, emanados de las relaciones y situaciones entre personajes; escena en tanto objeto teatral que conlleva a la práctica escénica, palabra encarnada en los cuerpos, y estrategias dramatúrgicas.

En el caso del teatro de Castellanos, la balanza estructural y dialógica se inclina hacia la literatura más que a la escena. Los poemas dramáticos de la autora están a tono con las tendencias actuales en el campo del teatro, donde ya no se habla de dramaturgia sino de dramaturgias, en plural, para dar cuenta de la diversidad de formas escriturales para la escena y textos híbridos que existen hoy día. En este sentido, los poemas dramáticos de Rosario Castellanos, Judith y Salomé están escritos desde la palabra poética, si bien se plantea un conflicto y una estructura dialogal. Por otra parte, tanto Tablero de damas, su primera obra, como El eterno femenino, la última y más conocida, obedecen a una estructura más convencional, apegada a los preceptos aristotélicos y a la estructura en tres actos.

Las temáticas de las cuatro obras entreveran los temas sociales y de derechos humanos con el feminismo, donde discute la posición inferior de la mujer en la sociedad mexicana, y cuestiona el estado del feminismo en nuestro país.

 

Salomé

Este poema dramático escrito en verso libre está dedicado a Sergio Magaña, uno de los dramaturgos más destacados de los años cincuenta junto con Jaime Sabines, Ricardo Garibay, Jorge Ibargüengoitia, Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido. En 1946, junto con Emilio Carballido y otros estudiantes, Magaña fundó la asociación teatral Atenea que, más tarde, se convertiría en el Grupo Teatral de Filosofía y Letras. Fue quizá en ese ambiente universitario, cuando los dramaturgos, Carballido y Magaña, conociendo la obra poética de Castellanos y su experiencias de la infancia en Comitán, la incentivaron para iniciarse en la dramaturgia.

A diferencia de las obras teatrales, los poemas dramáticos proponen diálogos escritos en verso y no imitan el habla coloquial, y en oposición a la poesía, tienen la finalidad de ser representados ante un público. Esta cualidad propicia la narración de acontecimientos vitales para los personajes que ponen de manifiesto sus pasiones, ideas, objetivos. Esta forma escritural contiene elementos favorables a la acción dramática y a la tensión, así como al conflicto, por lo que es propicia para la actuación, además de que puede ser hablada o cantada.

Al igual que en Judith, en Salomé, Castellanos denuncia las injusticias vividas por las comunidades indígenas, insertos en la estructura de los mitos bíblicos, en un paralelismo temporal del mundo antagónico de terratenientes e indígenas con las historias ya conocidas. Los personajes son Salomé, la Madre, la Nodriza, el Hombre, Unos soldados. La acción dramática se estructura en torno a la sublevación de los chamulas en San Cristóbal de las Casas durante el Porfiriato. El lugar de la acción es la casa del Jefe Político. Se retrata la función social de la mujer chiapaneca después de la Revolución Mexicana. Salomé pertenece a la clase acomodada y vive bajo el yugo familiar, debe ser fiel a las leyes morales, en las cuales los estratos sociales y las castas que están por debajo sólo tienen permitido relacionarse en el plano laboral, sin la posibilidad de una relación personal.

La solidez de la creación poética de Castellanos construye heroínas que dan voz a conflictos interesantes, aunque la trama, al basarse en el mito y su secuencia, no logra apuntalar lo dramático y el trasvase temporal queda como trasfondo de la trama sin que el contexto se integre dramáticamente. Hay que destacar que en el diálogo entre la Madre y Salomé se pone de manifiesto la visión feminista, así como la postura de dos mujeres de distintas generaciones ante el dominio masculino. Es notoria la sumisión de la Madre y el cuestionamiento de Salomé, y aunque no se logra la tensión dramática a partir de un conflicto, se retrata la situación de la mujer en ese contexto.

 

Madre: Mi talador, mi buitre

en los meses primeros.

Después un congelado

espejo.

Me traicionó con todas las mujeres,

Con el hastío y el poder y el juego.

Vi entrar por esa puerta la embriaguez,

grosero deseo

y la brutalidad del amo ante la sierva

y el desprecio.

Salomé: ¿Por qué no huiste?

Madre: ¿A dónde? Mis hermanas

Tienen su propio infierno.

Y fui educada para obedecer

y sufrir en silencio.

Mi madre en vez de leche

Me dio sometimiento.

Salomé: ¡Oh, la más desdichada! ¡Cuánto rencor se muerde el seno! […]

 

Los poemas dramáticos, a primera vista, carecen de elementos que le permitan transformarse en un texto performático más que dialógico-poético. En 1960 se hizo una adaptación para radio con una duración de veinticino minutos con la dirección de Nancy Cárdenas y la Producción de Radio unam, la cual no se ha difundido entre nuevos escuchas ni se ha realizado una producción renovada.

 

Judith

Este texto resulta aún más desdibujada desde el punto de vista dramático y estructural, con lo que se constata la complejidad de elaborar sobre el mito que no siempre es una materia dúctil o susceptible de representarse. Reconocidas como ejercicios fallidos por la propia Castellanos, Salomé y Judith quizá no son textos dramáticos por el respeto que sentía por sus colegas Carballido y Magaña, que en ese momento estaban en pleno auge, o quizá se deba a la falta de un experiencia en la escritura dramática. Es preciso reconocer su valor como testimonio de la función social de la mujer chiapaneca después de la Revolución mexicana y el entorno sociopolítico, así como la visión feminista de la autora.

 

Tablero de damas

Esta es la primera obra teatral de Castellanos, escrita en tres actos con diálogos coloquiales, dedicada a la dramaturga y narradora Luisa Josefina Hernández. La primera edición se publicó en el número 68 de la revista América en 1952, seis años después de los poemas dramáticos con que incursionó en el género. Tablero de damas se ubica en el contexto social y literario de los años cincuenta y lleva como subtítulo “o la guerra de las féminas”. Es un texto autorreferencial en el que Castellanos reflexiona sobre el acto de escribir. Hace una crítica cáustica a las mujeres que escriben en aras de alcanzar un estatus en la sociedad, en lugar de hacerlo por vocación, más por el renombre que por la pasión por la escritura. Pone en evidencia las reverencias vacías, la presunción y la sumisión de las escritoras entre sí y hacia el medio literario, mujeres que han renunciado a pensar por sí mismas, con originalidad, y a actuar con independencia en busca del halago y el aplauso. A pesar de que los diálogos están cargados de ironía, la obra carece de la estrategia dramatúrgica que presenta la información de manera paulatina, y los personajes dejan al descubierto sus intenciones de una forma obvia. Se suma una trama policiaca que conduce a un conflicto dramático forzado.

Tablero de damas perdura gracias a la crítica feroz, que se echa en falta hoy día, de quien asciende en una carrera literaria por medio de la sumisión.

En la trama, Matilde Casanova, recién laureada con el Premio Nobel de Literatura, es la anfitriona de una reunión de mujeres poetas y escritoras, consagradas y aspirantes, en una suite de lujo en el puerto de Acapulco, con la intención de que la conozcan y, a medida que avanza la historia, se descubre que la invitación es, en realidad, para ejecutar un crimen. La obra generó polémica porque se basaba en personaje reales de la época a quienes criticaba. Los diálogos están cargados de sarcasmo y doble sentido, lo cual ofendió a escritoras de su tiempo. A pesar de la idea, de la intención de retratar la vida literaria del México de los años cincuenta, hay poca acción dramática con lo que la obra tiende a estancarse pues el conflicto no avanza. El tema de la obra, más allá de sus méritos dramáticos, generó una fuerte polémica entre las autoras que se sintieron aludidas, que insultaron y amenazaron a la autora. Así, Tablero de damas no llega a la escena y no ha trascendido en el campo teatral.

 

El eterno femenino

Escrita dieciocho años después de Tablero de damas, El eterno femenino es la última pieza teatral escrita por Rosario Castellanos y publicada en 1970, después de su fallecimiento. Es la obra más conocida y de la cual existen versiones en lectura dramatizada para radio y en algunos montajes.  Esta obra de tono fársico desmitifica los roles femeninos. De hecho, se ha llevado a escena con más frecuencia que cualquiera de las obras anteriores tanto en México como en otros países, en montajes tanto estudiantiles como profesionales, así como en una versión para cabaré. Los personajes son estereotipos: la mujer casada, la madre, la abuela, la prostituta, la amante, la solterona estableciendo una red de feminidades. Este texto hace un recorrido irónico y con humor por la historia de la mujer en México. El eje es el matrimonio, como un espacio de dependencia de la mujer carente de identidad; el matrimonio es el eje que permite articular los diálogos y las acciones de las mujeres.

Hay que destacar que en esta obra se hace evidente el lenguaje como un instrumento de poder, pues sin voz, las mujeres pueden ser dominadas por los hombres. Castellanos, entonces, les da voz y desmitifica los roles femeninos con agudeza. La acción ocurre en un salón de belleza mientras arreglan a una de las mujeres para su boda, donde se despoja de sentido al matrimonio, la virginidad y al noviazgo, así como a las canciones cursis y a las telenovelas.

Fotografía de Comitán, Chiapas: Pixabay.

 

II

Rosario Castellanos y la memoria dolorosa

Nombrar a Rosario Castellanos (1925 – 1974) es hablar de la poesía que desciende al interior de una misma en busca de la identidad, del amor, de la infancia, de la lucha, y después del descenso, transformar los hallazgos en versos. Su poesía aborda temas variados a tono con lo que le propone el mundo, como el conjunto de todo lo existente, en su caso, el amor, el desamor, la reflexión sobre la escritura, la sal, la espuma, los objetos, las costumbres. Voz única, profunda e irónica, plena de matices; una visión que se gestó, quizá, en la infancia cuando, en su natal Chiapas, padeció las injusticias sociales reflejadas en maltratos y abusos a los indígenas, y en el seno familiar, del cual, en cierta forma fue exiliada, al ser desatendida por la madre a raíz de la muerte de su hermano, exiliada del amor materno.

El 7 de agosto de 1974, hace cincuenta años, falleció Rosario Castellanos en la sede de la embajada de México en Tel Aviv, electrocutada por una lámpara doméstica, el día previo a su viaje a México para presentarse como oradora en un desayuno oficial. Como pone en el epígrafe de su novela Ciudad real: “¿En qué día? ¿En qué luna? ¿En qué año sucede lo que aquí se cuenta? Como en los sueños, como en las pesadillas, todo es simultáneo, todo está presente, todo existe hoy”, así es la sensación que da leer hoy su poesía, sus novelas, ensayos, su teatro. En su poesía, Castellanos construye un discurso feminista para hacer visibles los conflictos sociales parte de la angustia existencial presente en la generación de los años cincuenta.

Dialogo hoy con Rosario Castellanos, a cincuenta y dos años de la escritura del poema “Memorial de Tlatelolco”, en el que conmemora el movimiento estudiantil del 68, no desde los ideales políticos, ideológicos, sino desde el dolor y la masacre. Ese año fue de agitación política en el mundo. En México, las movilizaciones iniciaron el 22 de julio y, luego de tres meses de marchas y manifestaciones pacíficas de estudiantes de la unam y del ipn, el 18 de septiembre el ejército irrumpió en Ciudad Universitaria, amenazando la autonomía, y el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco ocurrió la represión violenta, profunda huella en generaciones de jóvenes y maestros.

Elena Poniatowska, en 1971, reunió voces y testimonios de estudiantes, maestros, padres y madres de familia, escritores, entre otros, en el libro La noche de Tlatelolco, para el que Rosario Castellanos escribió especialmente el poema “Memorial de Tlatelolco”. En 1972, el poema se publicó en el libro En la tierra de en medio, en edición del Fondo de Cultura Económica incluido en el tomo de Poesía no eres tú.  “Memorial de Tlatelolco” es un homenaje a las víctimas del horror de ese 2 de octubre de 1968, atenta y solidaria ante lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas.

Años de distancia permiten ver el hecho quizá sin la emoción inmediata, pero todavía con el sonido de los hechos. En este poema se distingue un discurso testimonial, profundo, que describe la oscuridad, la violencia, el acto criminal, oponiendo a las víctimas y los culpables; involucra a los medios de comunicación y a la sociedad que se mantuvieron en silencio; coloca a la memoria como el único archivo posible para registrar el hecho, ya que la autoridad ha borrado los rastros, para concluir con algo de esperanza porque la justicia traiga de nuevo la luz. Nuestro país actual no difiere mucho del de entonces en términos de violencia, represión, relación del poder con la sociedad, aunque recientemente no haya ocurrido una masacre como la de entonces, hay desapariciones, feminicidios, secuestros, dolor y muerte, y grupos que luchan por sus derechos. Al regresar a los versos de “Memorial de Tlatelolco”, dialogo con los versos de Rosario Castellanos, y constato la continuidad del tiempo, “todo está presente, todo existe hoy”.

 

Recuerdas, recuerdo, recordemos[1]

Hace años, había gestado la idea de escribir una obra de teatro en la que dialogaban, desde su tiempo y su arte, Rosario Castellanos y Georgia O’Keffee; una, desde la poesía y México; la otra, desde la pintura y Nuevo México. En aquel tiempo, leí la poesía de Rosario, y desarrollé un primer borrador de la obra titulado Nocturno acuático, en que se encuentran la pintura y la poesía, la identidad como mujer artista y las relaciones amorosas.

Dialogo con “Memorial del 68” de Rosario Castellanos quizá por el contexto sociopolítico que vive el país; quizá por la violencia que se ha apropiado de caminos, ciudades y pueblos; quizá porque Luciérnaga, 12 días de encierro no apagaron su luz, libreto de ópera que escribí a cincuenta años del movimiento del 68, se presentó en Tenerife, España, el 6 de octubre de 2024; quizá porque sigo trabajando sobre el tema de la violencia en mis textos teatrales; quizá porque el movimiento estudiantil reverbera hasta nuestro presente. Dialogar desde el poema con la poeta, desde mi tiempo y su tiempo, es un ejercicio que implica un cruce de coordenadas, que difiere del diálogo como fundamento y expresión de los personajes en una obra de teatro y apela al vínculo autoral.

Dialogar con una poeta de la talla de Rosario Castellanos es un honor y a la vez un desafío, me atraviesa la admiración y el respeto. Al leer y releer el poema, el movimiento del 68 resuena en mí en tres direcciones: una, mi indiferencia azuzada por la infancia ajena al mundo, cuando me recuerdo frente a la televisión a color a la espera de la inauguración de los juegos olímpicos; la segunda, porque en 2018, la Coordinación de Difusión Cultural de la unam me comisionó el libreto de Luciérnaga, 12 días de encierro no apagaron su luz —en la que relato el momento en que el ejército invadió Ciudad Universitaria el 18 de septiembre y la poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo[2] quedó oculta durante doce días en el baño para hombres de la Torre de Humanidades de la unam—, y para entonces la violencia no había acabado: hacía cuatro años que había ocurrido la desaparición de estudiantes en Ayotzinapa. Y la tercera dirección del poema es la actual, el momento en que me encuentro hoy, en el contexto de elecciones complejas, en un país sumido en la violencia y los feminicidios. Así, el diálogo fluyó como si estuviéramos mirándonos las dos, frente a frente, y las líneas del tiempo se entreveraron con las del poema de Rosario Castellanos. Al leer cada verso del poema de Rosario Castellanos escribí una respuesta, un eco, un enunciado que reverberara con sus líneas. En donde tengo la certeza de que la luz de la luciérnaga volverá a encenderse cuando la esperanza de un México sin violencia sea una realidad.

 

Conmemorativo 68[3]

Silvia A. Peláez

 

¿Cuándo llegó la oscuridad sin horario?

¿Cuándo se hizo el día cómplice de la nocturnidad?

Quizá fue en la noche de Tlatelolco, en la lejana Tenochtitlan,

¿O fue ayer, cuando escuché que la ciudad está

cubierta de cadáveres?

¿O acaso habrá sido cuando la violencia se escondió

entre grietas del funesto campus?

 

Nos hemos vuelto lóbregos, hollinados por la noche.

El crimen agazapado entre cuellos blancos,

y blanco polvo sobre espejos.

Luego la sangre es tizne, la oscuridad es muerte.

 

Quizá tú, Rosario, aquella noche truculenta, dolorosa,

viste cómo la violencia aguardó hasta la noche,

para, cómplice y taimada, esconder la mano con el arma,

y, entre bruma, sólo viéramos, vieran, caer los muertos.

Apenas cuatro años desde la masacre,

tus palabras poéticas, verdaderas,

cuestionaron la mansalva,

la traición y el horror.

 

Yo era una niña entonces, ajena al mundo de mayores,

de política, poder y fanatismos.

Era niña, sentada frente al televisor a colores,

a la espera de la inauguración: Olimpiadas México 68.

 

Preguntas: ¿quién mata?

Y yo digo, ellos, los sin alma, los endriagos de hoy,

ávidos de poder y desmesura,

necesitados de sangre, sin bravura, sólo instinto,

olfato para descubrir al débil, al amoroso, al empático.

Los de entonces, los de ahora, los mismos.

 

A tu pregunta ¿quiénes son los que agonizan?

Yo te digo: los inocentes, los valientes, los jóvenes,

las mujeres, las niñas, las contrarias al abuso.

Agonizamos todos bajo el cielo azul sin transparencia,

nublado por los gases contaminantes y grises.

 

Cincuenta años después de la masacre,

yo, que como tú, elegí el oficio de escritura,

me adentro en el campus universitario del 68,

sin haber estado, sin haberlo vivido,

y veo frente a mí cómo se reinstala la agonía,

la tortura, las botas y armas que aniquilan.

 

Entro en aquel mundo, y escribo Luciérnaga,

un canto de poesía, una voz que se alza contra

la muerte.

 

¿Qué oigo?

Sonido atronador estalla en mi pecho,

ruido retumbante aturde mi cabeza.

Metal contra metal, detona la bala,

y estalla en un estruendo.

 

Cayó la noche desprevenida.

¡Espectros!

Sus botas aplastan, como cáscaras de huevo,

la autonomía universitaria.

Bombas molotov contra fusiles.

Poesía contra intransigencia.

Llegó la noche violenta

agazapada entre nubes,

que ocultan la luna gorda.

Después nadie, como dices, nadie queda.

Los cadáveres se esfuman, y nadie sabe.

Quedan en las calles los zapatos, en las carreteras

los restos humanos.

 

Borran la identidad de quienes fueron alguien

para perderlos en la cárcel, en el hospital, en el campo

donde reina Marte, en las fosas ocultas bajo

el territorio.

 

En aquel tiempo los medios callaron,

no hubo minuto de silencio, ni mención.

Una algarabía disonante dominó el paisaje.

Alegría postiza o ignorante por la fiesta deportiva.

Hoy los medios cambian el programa,

llenan de sangre la pantalla, de malandros

criminales, de la intimidad expuesta.

 

Tanques, roedores férreos;

estudiantes y maestros, grillos indefensos,

y yo, entonces y cuando esto escribo, luciérnaga apagada.

¿Cuándo veré la luz del día?

Hoy no es sólo la ciudad capital, es el territorio nacional,

no es el poder de Estado, es la complicidad.

La diosa Tlazoltéotl no se da abasto,

saciada de excrementos y violencia.

 

He buscado en documentos, en historias, en relatos.

He buscado en mí misma, y no encuentro la razón.

¿Hay razón para tantos muertos?

No de hoy ni de ayer, sino del tiempo eterno.

¿Cuándo acabará la noche?

 

Coincido contigo, Rosario, duele, luego es verdad.

A la distancia de cincuenta, de cincuenta y cinco años,

me duele como el miembro amputado,

no lo viví, pero aquí está, en mi memoria, y en la tuya,

y en la de ella, y de aquel, en la de todos.

 

¿Quién ha roto la luna en el espejo

y la ha multiplicado inútilmente?

¿Quién ha sido?

¿Quién la pistola del milico

que disparó el político.

¿Quién ha sido?

¿Quién rompió la calma

de la escuela?

¿Quién masacra poetas y niños?

¿Quién profanó el suelo de la autonomía?

 

Antorcha en pebetero,

fiesta olímpica como betún

en un pastel de restos.

 

Quizá mi indignación no es suficiente,

Quizá mis palabras se disipen en el aire

violento mezclado con la polución.

Quizá amaneció y hubo luz un día, pero la muerte

volvió a tender el manto oscuro.

Quizá un día haya justicia.

 

En mis sueños, alas de palabras

vuelo sobre el muro negro,

lanzando una luz de luciérnaga extraviada.

Recuerdas, Rosario, recuerdo, recordemos.


* Parte de este texto se presentó en el “Coloquio Internacional Rosario Castellanos: Una mujer con pluma en ristre”, que tuvo lugar del 19 al 21 de marzo de 2025, en la Biblioteca Octavio Paz, y coordinado por Assia Moshine y Carmen Villoro.


[1] Esta sección del ensayo toma su título como eco de la línea final del poema de Rosario Castellanos, “Memorial del 68”: “Recuerdo, recordamos/hasta que la justicia se siente entre nosotros”.

[2] Poeta uruguaya que llegó a México en 1952 y permaneció en nuestro país hasta 1988. Participó junto con José Revueltas en el Movimiento Estudiantil de 1968, y acudía a la Facultad de Filosofía y Letras de la unam relacionándose con los poetas jóvenes, y escribiendo su propia poesía.

[3] Poema inédito, escrito a propósito del diálogo poético, sincrónico y diacrónico que mantuve con el poema “Memorial del 68”, de Rosario Castellanos.

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Silvia A. Peláez

Comunicóloga por la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana, con estudios de maestría en Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas de la unam, y maestrante en Literatura por el Colegio de Morelos. Con una carrera como escritora de más de treinta y cinco años, es una de las dramaturgas más destacadas de su generación. Su obra comprende más de sesenta obras de teatro, ensayos literarios, crítica teatral y libretos de ópera escritos, traducidos, premiados y llevados a escena. Ha escrito obra comisionada por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Centro Nacional de las Artes. Ha sido becaria del Centro Mexicano de Escritores, del Writers Room, Nueva York; de Ragdale Foundation, Chicago; del Banff Playwrights Lab, Canadá. Becaria en varias emisiones del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. En 2022 recibió la Venera Morelos en Arte y Cultura como morelense de excelencia. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Actualmente escribe la obra Canción de amor para una desaparecida.
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